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miércoles, 2 de abril de 2014

Otro General










Un superbloque es lo mejor,
para poder vivir
no vengas a decir que hay algo superior.


Simón Díaz


El refranero popular, que es acervo y voz de nuestro sentir más hondo y corbusierano en la cita. Simón Díaz vivió Venezuela cómo la vivieron muchos y la hizo pública para que la entendiésemos, con una vida que comienza en el llano y se desplaza a la ciudad, con el televisor a color y las muchachas de Barinas, vivió esos años del mito progreso.


Saskia Sassen en su libro Una sociología de la globalización cuenta, entre otras cosas, cómo la generación de normas internacionales tales como los derechos humanos, o los tratados, son un mecanismo desde el cual instituciones globales se insertan en mercados nacionales.
Estas normas, son discutidas en organismos internacionales y reciben el apoyo, consentimiento y celebración de parte de la población occidental, que ve en esto un ideal del cual se encuentran cada vez más cerca, una meta de la población civilizada.



La globalización es el nuevo nombre del progreso, es una homogeneización de las particularidades a un patrón que suele verse cómo superior, implícito está el anhelo de los particulares por formar parte de ese sueño.


En 1953 el General Marcos Evangelista Pérez Jimenez después de unas cuantas polémicas se hace con el poder de la República. Estuvo sentado en el coroto desde entonces y hasta 1958, con un sin fin de cintas cortadas y geofagia generó un imaginario de una Venezuela próspera.


El General era lo que nos haría hombres del futuro, cómo los americanos, en ese corto período que los arquitectos de ahora miran con nostalgia, había trabajo para todos, un estado que se modernizaba debía exhibirse moderno, institucional y funcional, los ciudadanos debían disponer de los dispositivos del progreso.

Ya se escucha, muchas veces que en Latinoamerica hay todo por hacer, que es una tierra basta y desorganizada, que esas son sus ventajas, una cosa que me suena y suena a 1600.

¿Que implica ese todo por hacer? Esto quizá es muy Galeano, pero al parecer sufrimos todos de un síndrome de estocolmo disfrazado de esnobismo.  


*prestad atención, entre muchas cosas, al bombardeo del minuto 4 con el catalogo obrístico.




jueves, 22 de agosto de 2013

El punto de vista de May Kasahara

"¿Sabes lo que me parece a mí? Pues que la mayor parte de la gente vive creyendo que la vida y el mundo son, aunque con excepciones, básicamente coherentes. (Deberían serlo, claro). He llegado muchas veces a esta conclusión hablando con los que me rodean. Cuando ocurre algo, ya sea en el terreno social o en el personal, siempre hay uno que dice, “O sea, que ha pasado esto porque aquello era así y asá”, y, en la mayoría de los casos, todos exclaman: “¡Ah, claro!”, y se quedan tan campantes, pero yo no acabo de entenderlo. Decir cosas del tipo: “Aquello es así”, “Por eso ha pasado lo que ha pasado”, es como meter en el microondas un chawan-mushi instantáneo, pulsar el botón y, cuando suena el ‘tin’, abrir la puerta y: ¡ya está listo el chawan-mushi! Y ¿dónde está la explicación? O sea, no sabes nada de nada de lo que ocurre, con la puerta bien cerrada, desde el instante en que pulsas el botón y hasta que la campanita hace ‘tin’. Quizás en la oscuridad, el chawan-mushi se convierta, primero, en macarrones gratinados y, sólo luego, vuelva a ser, otra vez, chawan-mushi, sin que sospechemos siquiera lo ocurrido, ¿no? Puesto que hemos metido chawan-mushi en el microondas, creemos que, como consecuencia lógica, ha de salir chawan-mushi. Pero eso no es más que una suposición. Yo, la verdad, me quedaría más tranquila si alguna vez, al abrir la puerta, salieran macarrones gratinados tras haber puesto chawan-mushi en el microondas y pulsar el botón.

Me sorprendería, no hace falta decirlo, pero, al mismo tiempo, me quedaría más tranquila. Creo que, al menos, no me sentiría tan confusa. Porque, en cierto sentido, eso me parecería más “realista”