jueves, 19 de febrero de 2015

la modernidad tomada




la modernidad apropiada tomada
sin ninguna vergüenza 

El contenido de una oración está sujeto al sentido otorgado a las palabras. Así se advierte con un doble cuidado lo que puede significar apropiado.
Comenzamos con un conjunto axiomático que es puramente económico y deja de lado lo otro: el poder es tal en tanto acumula capital, acumular tiene aparejado el control sobre lo acumulado. El capital es la propiedad y quien tiene propiedad tiene poder sobre esta. Apropiarse es hacerse con control sobre la propiedad[1].

Apropiado en el sentido conservador del status quo está relacionado con lo debido en tanto que único posible en relación con el hábito (o ¿tradición?). Poniéndolo en otras palabras es el sentido común lo que le da contenido a la palabra[2]. Podríamos ejemplificarlo con el bien conocido llamado a la razón, por el respeto a la ley que “prohíbe tanto a ricos como pobres, dormir bajo los puentes”[3] . Tal defensa al derecho (la razón) del dormir en su casa lo hace quien en efecto puede cumplir su derecho (no escapes tan fácilmente, estoy seguro que todos queremos que todos tengan casa) pero quien se ve en infracción es un irracional.

Apropiado en el sentido “progresista” (como movilizador del status quo) podría referirse al tomar la propiedad. Es revolucionaria esta acepción en su sentido de redención y justicia. Así pues tomar se refiere también a la acción, quien se apropia de las tierras está  de ahora en más ejerciendo control sobre ellas.

Me aventuro a soltar una máxima: la clave para entender las relaciones de poder  no está en alguno de los dos sentidos expuestos. Sino que se encuentra en reconocer las relaciones de poder desde las cuales operan sus expresiones.





[1] Siempre entendiendo propiedad como algo abstracto.
[2] Para una clara exposición del pensamiento conservador en las ciencias véase la introducción de Contra el método, Paul K. Fayerabend. Ediciones Orbis, 1984.
[3] Atribuido a Anatole France.

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